Los expertos señalan que contribuye al aumento de la memoria.
También a mejorar la concentración.
Ayuda a liberar la adrenalina.
Existen dudas acerca de los beneficios de la música en la oficina. Los expertos en recursos humanos de Randstad señalan que la música fomenta la creatividad y el buen humor, pero que también puede dificultar las labores que requieren mucha concentración.
La idoneidad de escuchar música en el lugar de trabajo dependerá de factores como la propia persona, la dedicación intelectual y la tarea que se esté llevando a cabo, entre otros.
Según un estudio publicado por el Centro de Investigación de la Adicción de Santdford (California), las personas estudiadas experimentan euforia mientras escuchan música. La consecuencia de esta euforia es la liberación de endorfinas.
Efectos enfrentados
La música envía cantidad de estímulos al cerebro, de manera que puede distraer si estamos desarrollando una labor que exija gran concentración.
Además, si es contraria al gusto del empleado, puede generar irritación y tensión, como los clásicos villancicos en las superficies comerciales.
Por otro lado, trabajar con música de fondo es estimulante, ya que hace aumentar el ritmo cardiaco y la tensión arterial liberando adrenalina. Nos pone de buen humor. Por tanto, es ideal para combatir el aburrimiento o dar un acelerón al ritmo de trabajo.
Siempre será más agradable escuchar música que ruidos indeseables de obras o tráfico, de forma que puede funcionar como sustituta.
Los expertos aseguran que si es apropiada, la música puede producir un aumento de la memoria, así como mejorar la capacidad de concentración y atención.
La clave consiste en cortarla antes de que llegue la saturación y en considerar el estado anímico antes de seleccionarla.
martes, 15 de diciembre de 2009
lunes, 7 de diciembre de 2009
La voz que llegó del norte.
La cantante Juliane Heinemann acabó la gira de presentación de su último disco "Aren"t you glad to be here?" el pasado sábado.La joven cantante alemana residente en Barcelona, Juliane Heinemann, presentó su primer disco 'Aren't you glad to be here?', unas cuantas canciones entre el pop y el jazz que quizá si se hubieran gestado fuera de nuestras fronteras gozarían de más difusión.
Demasiadas veces se busca un cantante, un grupo, una canción o un disco lejos de nuestras fronteras como si ello fuera garantía de éxito, de no equivocarnos en nuestra elección. Aunque hoy en día tenemos mucha música de todos lados al alcance de nuestra mano, a veces es bueno darse cuenta de que nuestra búsqueda se encuentra más cerca de lo que pensamos.
Todo esto viene a cuento de un reciente concierto que este pasado sábado tuvo lugar en la sala Jamboree de Barcelona, que este año celebra cincuenta primaveras de música de calidad en nuestra ciudad. No nos dejemos engañar por el local, uno de nuestros santuarios jazzísticos aunque sea por antigüedad. No vamos a hablar de tríos, cuartetos o quintetos; ni de un largo y estimulante solo de saxofón o trompeta, ni de temas instrumentales de más de ocho minutos con largos e interesantes desarrollos. Aquí y ahora, sólo hablaremos de simples canciones.
Porque de eso se trataba. En el escenario, Juliane Heinemann, voz y guitarra, acompañada de tres músicos, y presentando un puñado de canciones de su primer disco como solista Aren"t you glad to be here? A grandes rasgos, fue un directo denso en matices y con momentos de franca intensidad. Jordi Matas, a la guitarra, Marko Lohikari, al contrabajo y Joe Smith, a la batería, consiguieron que el conjunto sonara sin fisuras, con un sonido limpio cercano al de un CD. Y el momento tierno de la noche llegó al final cuando subió al escenario el padre de la criatura, banjo en mano y llegado especialmente desde Berlín, para ayudar en Do you see me. Entrañable cierre para una elegante velada.
La cantante alemana lleva establecida en Barcelona desde hace tres años, cuando llegó gracias a un intercambio de estudiantes Erasmus. En este tiempo, ya ha logrado integrarse en la escena jazz local, colaborando en todo tipo de proyectos con músicos de gran talla. Y ahora, en su primer trabajo, muestra su sello más personal: canciones de autor entre el pop y el jazz con una pizca de folk, una voz dulce y amarga a la vez, arreglos de cuidada factura y un sonido entre suave y frío.
"Inicialmente grabamos las canciones con guitarra, teclado (Albert Sanz), contrabajo y batería -explica la cantante-, pero rápidamente me di cuenta de que faltaba algo: voces, vientos, cuerdas…Fue entonces cuando escribí los arreglos y decidí añadirlo en postproducción, un trabajo que hice junto a Jordi Matas". El resultado final vio la luz en septiembre: un álbum con diez temas (dos de ellos firmados por el batería Smith), en el que Heinemann lo es casi todo: autora, coproductora, editora y su propia manager.
Cuando se habla de pop-jazz, popularmente viene a la cabeza el nombre de Norah Jones. Y aunque algo hay, ella misma intenta que su música sea "más compleja, como más depresiva", según dice sonriendo. Heinemann se ve más identificada con nombres como Rebecca Martin, Ellioth Smith, Joan As Police Woman, Emiliana Torrini o PJ Harvey. Por lo tanto, con canciones más profundas, "que me sacudan". Y es que componer, para Heinemann, es "terapéutico", un modo de "comunicar algo que no puedo expresar de otra forma".
Heinemann ha encontrado en Barcelona su hogar musical. "Me siento cómoda. En la escena nos conocemos todos, no como en Berlín que es una locura", cuenta, a lo que añade que "lo único malo es que hay pocos clubs, pocas oportunidades". Lo de siempre.
La nota negativa es que su gira por el circuito de salas catalanas Ressons terminó con el concierto del sábado, con lo que tardaremos en volverla a ver a corto plazo. Por ahora, Heinemann esperará nuevas oportunidades y se dará un tiempo para centrarse en su música y no tanto en su propia promoción. Una muestra más de lo costoso que es dar salida a proyectos así en nuestra industria, cuando por otro lado se veneran, en este caso, cantantes ya consolidadas producidas allende los Pirineos o al otro lado del charco. Pero no desesperemos: si todo va bien, se oirá hablar de Heinemann.
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